La donación de órganos y tejidos después de la muerte hace posible que una sola persona salve hasta siete vidas al donar dos riñones, dos pulmones, el hígado, el corazón y el páncreas.
Pero además otras se verán beneficiadas al recibir los tejidos como las corneas, piel, hueso, médula ósea, cartílagos y tendones.
Finalmente, después de tu vida, ya nos los vas a necesitar.
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